Archivo para septiembre 2010

Momento MacGyver

septiembre 13, 2010

Era una noche como otra cualquiera. El simpático bloguero estaba entretenido tragándose episodios de The Wire uno tras otro, metido en el ambiente de the projects in Baltimore. Ya know, mah nigga. Suena la alarma del movil, lo cual quiere decir que la secadora está lista. Tendrá que bajar a por las cosas al cuarto de las lavadoras si quiere ir con calzoncillos a trabajar mañana. Sin pensarlo dos veces coge las llaves y sale (en pijama) a por la ropa.

Llama al ascensor mientras nota las llaves en su bolsillo. Un momento, estas llaves pesan demasiado poco… mierda, no son las llaves de casa, son las llaves de la casa de su madre en Madrid! La puerta se cierra lenta pero inexorablemente, el pobre hombre da un salto cual gacela, pero es tarde. La puerta se cierra en sus narices.

“De puta madre”, piensa el desdichado, “a ver que cojones hago”. Eh, no hay problema. Es un tipo previsor, y está preparado para este tipo de incidencias: tiene un set de llaves de repuesto en el buzón. También guarda un alambrito detrás de la lavadora para poder “pescar” esas llaves. No problemo, esto está bajo control. Como si esto fuera el Monkey island, baja a la lavadora, coge el alambrito, pesca las llaves con el alambrito, abre la puerta con las llaves. Fácil!

Se dirige al buzón. Mantiene la puerta interior del portal abierta. “No vaya a ser que no sea capaz de pescarlas y tenga que dormir en la calle, que hace frio y llueve”. Hace un ganchito con el alambre, y empieza la pesca. Joder, es que ni nota las llaves. trata de hacer fotos con el movil dentro del buzón, para guiarse, pero es inutil, no hay apenas luz y todo lo que consigue son unas fotos negras. Parece que los señores de Ikea han ido a atinar y han mandado el catálogo justo ahora, y las llaves están debajo. Cojonudo. Sale fuera, a por un palo más gordo para hacer palanca y tratar de mover el puto catálogo de Ikea. Tras diez o quince minutos de lucha, el pánico empieza a surgir. “Joooder, joder, joder, esto no va a funcionar”.

El caso es que puede tocar la cerradura por dentro metiendo la mano en el buzón, pero sin llave, no gira. Todos hemos visto las películas, las puertas se abren con una tarjeta de crédito y las cerraduras se abren con una ganzúa. “Venga”, piensa el pobre flipado, “vamos a ver si abro la cerradura del buzón con el alambrito”. Mete el alambrito en la cerradura mientras trata de girarla con la otra mano desde dentro del buzón. “Eh, ha girado un pelín!”. Un par de minutos más de forcejeo, y de repente, clic, buzón abierto. “Alucino pepinillos, no pensé que esto pudiera pasar, ni de coña”.

Tras media hora de susto, va a por la ropa y vuelve a casa, con la sensación de ser un crack, el hermano regordete de MacGyver.

Sin

septiembre 2, 2010

Sin. Cero. 0%. 0,0%. Zero.

En el Siglo XX, el siglo de oro del marketing, todo era “con”. “Nuevo caramelo, con xilitol!”, “Con un gran vaso de leche en cada tableta!”, “Ahora, con más fruta!”. Esto ya pasó.

Bienvenidos al Siglo XXI, el siglo sin. “Sin azucar!”, “Sin cafeína!”, “Sin sulfitos!”, “Sin aditivos!”, “0,0% de alcohol!”, “0% de grasa, 0% de azucar”. Y todo así.

Vamos siguiendo una bonita parábola, en la que durante años se han ido añadiendo cosas y ahora se van quitando. Por suerte, tenemos para rato de quitar. Pero ojo, normalmente, no se quita. Se cambia por otra cosa. Si ahora no se puede poner pentafosfato de benceno, pues le ponemos tetrafosfato de benceno y una etiqueta gorda que ponga “0% de pentafosfato de benceno!”.

Todo esto es porque hoy en la ducha, en mi gel pone una lista de cuatro o cinco cosas de las que tiene 0%. Creo que lo que he puesto en la esponja ha sido agua un poco más espesa.