Archivo para junio 2010

Introducción a la ópera italiana

junio 28, 2010

Sólo un pequeño apunte/recomendación.

Me he visto últimamente unos documentales sobre la historia de la ópera italiana de la BBC, una miniserie de tres documentales de una hora cada uno, verdaderamente agradables y bien estructurados. Una delicia, presentados por Antonio Pappano, un tipo verdaderamente apasionado por la ópera, en tres horas nos da un paseo por la ópera italiana, desde Monteverdi hasta Puccini.

Para todo el que esté interesado en la ópera, desde neófitos en el tema hasta expertos, me parecen tres horas bien entretenidas. Eso sí, en inglés, y sin subtitulos (o yo no los he encontrado). Pero se entiende muy bien.

Lo podeis bajar con estos torrents, parte 1, parte2 y parte3.

Perro

junio 24, 2010

Hace ahora unos catorce años, mi hermana y yo estabamos muriéndonos por tener un perro. Mi primo, que vivía con nosotros, y era alérgico a todos los bichos con pelo, acababa de mudarse, y ahora ya no valía la excusa de “es que Edu es alérgico”.

Aprovechando que mi hermana y yo nos íbamos de vacaciones a Torrelavega unos días antes que mi madre, urdimos el siguiente maquiavélico plan: hacernos con un perro, y que luego mi madre se deshiciera de él si tenía corazón. Nos pasamos por una “perrera” (un descampado con cuatro jaulitas) para perros callejeros, y nos enseñaron un cachorrillo, negrito, de lo más mono. Nos lo llevamos para casa, calculamos que debía tener unos 3 ó 4 meses. Mi madre no tuvo corazón para deshacerse de él. Como andabamos viendo esos días una peli muy chorras de Mel Brooks, “Las locas aventuras de Robin Hood”, decidimos llamarle como uno de los protagonistas, Achús.

Al final del verano, se vino con nosotros a Madrid. Nos pasabamos horas y horas jugando como tontos. Le salieron los dientes, y machacó unos cuantos muebles de la casa, los taburetes de la cocina, la esquina de una cama, y unas cuantas cosas más. Nos turnábamos entre mi madre, mi hermana y yo para sacarle a pasear. Jugábamos a mil cosas, a tirarle pelotas, a esconder cosas, a correr por la casa…

Cuando volvías a casa, siempre te recibía dando saltos, aunque hubieses bajado dos minutos a por el pan. Cuando llegabas tarde por la noche al volver de juerga con tus amigos, salía de donde estuviera durmiendo y te recibía todo adormilado y moviendo el rabo.

En verano, se venía con el resto de la familia a la casa de la sierra, que compartíamos con todos mis tios y primos. Le malcriaban tremendamente, por más que decías “no, no que tiene que comerse su pienso”, mi tía siempre aparecía diciendo “es que han sobrado estos recortes de filetes, y no los voy a tirar…”. Esos veranos él los disfrutaba de lo lindo, se escapaba de casa a corretear el monte y a ligar con las perras de la zona, a veces volvía a la media hora, otras veces volvía seis horas después (cuando ya todos pensabamos que lo habrían atropellado), pero siempre volvía. Eso sí, como sabía que eso no se hacía, volvía agachando la cabeza y casi casi reptando por el suelo, pero en el fondo, más contento que unas pascuas. En la piscina, siempre nos ladraba, y se apuntaba a los juegos. Cuando tenía calor, se tiraba a la piscina y se quedaba tan refresquito. Luego volvíamos a Madrid, y se pasaba una semana entera durmiendo, recuperándose de esos veranos alocados.

Hace seis años, mi hermana se fue a trabajar a Cantabria. El perro se quedó con mi madre y conmigo, porque mi hermana lo iba a tener complicado para cuidarle sola. Nos arreglamos bien. Luego, yo me vine a Luxemburgo, y el perro se quedó con mi madre. Tras un año de estar mi madre atada a mi casa por el perro, mi tía, que también vivía en Cantabria, cerca de mi hermana, decidió que quería un perro. Como ella siempre quiso a Achús como a un hijo, le propusimos que se lo llevara, puesto que ella tenía un jardincito y el perro iba a estar perfectamente mimado y cuidado. Para allá que se fué, como los viejos americanos que se van a Florida cuando se jubilan. Allí lleva desde entonces.

Hace un par de semanas hablé con mi madre, y me dijo que el perro estaba malucho, que no sabían muy bien lo que era, que probablemente fuera lo que llaman “tos de las perreras”, que se pondría bien. Por suerte está muy bien cuidado, mi hermana se ha echado un novio veterinario. Ayer me dijo mi madre que no era eso, que habían descubierto que lo que tenía era un tumor en el pecho.

La cosa es, obviamente, irreversible, estará bien cuidado y no sufrirá, pero su vida se apaga. Él sigue tan contento, disfrutando de la vida que le queda, olisqueando las lagartijas que vea y mordisqueando su pollo de goma. Creo que ha vivido una vida larga y feliz, y espero que pueda terminarla también felizmente. Perra vida, dicen algunos, pero ya me gustaría a mí tener una vida como la de éste perro.

Un beso, Achús, siempre serás mi perro favorito.

Un concierto aburrido

junio 14, 2010

Este fin de semana he dado un par de conciertos con el coro. Curiosamente, han sido aburridos.

La música en si misma no estaba mal, era de hecho relativamente entretenida, piecitas corales de Mendelssohn, Brahms, Schumann y Rheinberger, música agradable. Pero el concierto fue pesado. Las razones fueron dos:

– Dos horas de concierto. A fuerza de hacer todas las repeticiones de cada canción, con todas las letras, al final salieron casi dos horas de concierto. De música que era toda bastante parecida en estilo.

– Un director soso. Un tipo joven, alemán, que no estaba acostumbrado a trabajar con un coro en el que las piezas salieran casi a primera vista. No era mal preparador coral, las notas salieron todas bien y en su sitio. Pero no interpretamos la música, la leimos.

Esta combinación tuvo como efecto que, al no tener un objetivo cantando más que dar las notas, mi cabeza se iba a pensar en otras cosas, como qué me iba a hacer de cena, o si tenía que comprar tomates. O en si debería escribir un post contando el concierto y cómo me había aburrido.

He de decir que el público quedó contento, lo cual no es un alivio. Yo voy a los conciertos a cantar con el corazón en la mano, a darlo todo, a tener y mostrar sentimientos. Los conciertos de este fin de semana fueron simplemente dar las notas, algunas forte, algunas piano, pero sin objetivo, sin expresar nada. Notas vacías. Bonitas de oir, probablemente, pero eso es todo.

Para mi, este es el problema de muchos coros (y orquestas) profesionales. Van al concierto, dan las notas muy bien dadas, y se vuelven a casa. Para mi, esto es una desgracia. Espero que en mi caso sea un efecto de un mal director y un programa soso, y que en el próximo concierto no me pase.

Caption this!

junio 11, 2010

En un alarde de originalidad en internec, voy a hacer un miniconcurso (de estos que hago yo en los que al final ni proclamo un ganador) de añadir un texto a una imagen. Es que he visto la foto y me resulta tan hilarante que tengo la certeza de que existe un texto que maximiza este humor.

Adelante con vuestras mejores y más hilarantes ideas, vale en cualquier idioma y sobre cualquier temática, proponed textos en los comentarios.

Cuando fui a ver a Les Luthiers

junio 10, 2010

Fue hace un buen montón de tiempo, cuando estaban haciendo “Todo por que rías” en Madrid, calculo que hace cosa de diez años ya.

El caso es que mi señora y yo habíamos sacado las entradas con muuuucha antelación, como no puede ser de otra forma si quieres ver a esa gente. Allí nos plantamos, el dia del concierto, listos e ilusionados. Bueno, voy a corregirme, como me corrigió el señor que te miraba la entrada: nos plantamos allí al dia siguiente del concierto. Por una confusión, un malentendido y yoquesé qué más, nos equivocamos de dia, y para el lado malo, fuimos cuando nuestra entrada ya no valía. El berrinche que nos cogimos fue monumental, claro.

El caso es que en esa situación, decidí que ese dia ibamos a ver a Les Luthiers SÍ O SÍ. Pasé por la taquilla, obviamente no quedaba nada. Me acerqué a un tipo que antes nos había ofrecido entradas, un reventa. Le pregunté. Tenía dos entradas, cojonudas. Caras de la muerte, pero cojonudas. Era eso o nada. Así que decidí que ya ahorraría en cañas, pero que ese día veíamos a Les Luthiers. Fuimos al cajero, sacamos la pasta y compramos las entradas. Y no me arrepiento ni lo más mínimo, la verdad es que esa memoria vale ahora lo que pagué por las entradas o diez veces más.

Así que, no hay mal que por bien no venga, en vez de mis entradas de a tomar por saco, los vimos en unos sitios excepcionales. El dinero viene y va, pero los recuerdos no.

Inesperadamente

junio 9, 2010

Me acaba de pasar una de esas cosas inesperadas, pero totalmente. Raro de narices. Os la cuento.

Supongo que os acordareis de que di un concierto, ese del que puse un video en el post 500 de este blog. Hasta ahí, normal. El caso es que despues del concierto, no se si lo conté, pero se me acercó una señora, hablandome en castellano, diciendo que le había gustado mucho, y que tenía una propuesta que hacerme, pero que no era el momento, así que me pidió el mail y se lo di. Me preguntó si era cantante profesional, me reí a gusto y le dije que no, que trabajaba en el banco. Me dijo que qué casualidad, que su marido también trabajaba en el banco. No volví a oir de esta señora. Hasta hoy.

Hoy, resulta que la mujer de uno de mis compañeros ha ido a una reunión que hacen de familiares de gente que trabaja aquí para ayudarles a buscar trabajo, y cosas así. Y estaba ahí la señora esta. Que es la mujer de nada más y nada menos que uno de los vicepresidentes. Y resulta que esta señora colabora con una ONG, y quiere montar un concierto en plan fundraiser, de una zarzuela, en alguno de los principales teatros de la ciudad, y como le gustó mucho cómo cantamos mi señora y yo, querría que cantasemos en esa zarzuela.

Alucinando en colores me quedo, y expectante a ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Reclamar en un examen

junio 8, 2010

Estaba ahora mismo hablando con Harad sobre reclamar en un examen que dice que hizo casi perfecto (según la solución publicada) y en el que tiene un cinco y pico. Y me he acordado de un par de reclamaciones de examenes y he decidido contarlo aquí.

Iré en orden cronológico. La primera vez que reclamé oficialmente en un examen fue en selectividad. Me llegaron las notas, y tenía un 4 en Lengua, examen que yo recordaba haber hecho bastante decentemente. Reclamé, y al cabo de un tiempecillo me comunicaron que me lo habían cambiado a un 7. Así de facilísimo. Ahora, también bastante doloroso que fuera un 4 el resultado inicial, pero bueh, de ahí no pasó. Un sistema totalmente opaco de reclamación, pero que funcionó.

La segunda reclamación interesante fue en Dibujo Técnico, en primero de Caminos. En esos examenes solían publicar la solución durante el examen en el tablón de anuncios, y así cuando salías ya podías ver si lo que tu habías pintado se parecía a lo que había pintado el catedrático. Era un examen de cuatro láminas, y yo salí medianamente contento, pero cuando vi las notas, tenía un 2 (sobre diez) en una de las láminas que a ojo parecía estar bien. No había reclamación “oficial”, pero fui a hablar con el catedrático para pedir una mínima explicación. El tio se metió en su cuartito, supuestamente miró mi lámina, y salió al cabo de un minuto. Y me dijo “Es que te has equivocado en la escala”. Cosa acojonantemente sorprendente, porque mi dibujo tenía la misma pinta que la solución. Le pedí ver mi ejercicio, pero vaya, eso no lo podía hacer, tenía la lámina a dos metros de mi, la lámina que yo mismo había pintado, pero no me la podía enseñar. Así que me quedé como un gilipollas con mi 2.

La última reclamación que hice y en la que quedé descontento fue en un examen de Ingeniería Sanitaria, en sexto de caminos, que viene a ser el hueso más hueso de toda la carrera. Era una reclamación en la que cada profesor miraba el ejercicio que él había puesto. Era todo muy libre y abierto, ibas a la cátedra, te daban tu examen, te acercabas al profesor que fuese y preguntabas y charlabas. Todo de puta madre. Excepto que el catedrático y su hijo, ambos de nombre “Aurelio”, los dos que habían puesto los ejercicios en los que se habían cargado a todo cristo, no estaban, así que sus ejercicios no se podían reclamar. CON UN PAR DE HUEVOS. Así que de nuevo, me fui a mi casa como había ido, si acaso con un poquito más de cara de gilipollas.

Y para acabar con una curiosidad más feliz diré que mi vida en la escuela de Caminos también terminó con una reclamación. La última asignatura que me quedaba, Estructuras Metálicas, de quinto, la suspendí en Junio. Hacia el 10 de Julio salió el resultado del examen, y yo tenía un 4.2 o algo por el estilo. Esto me acojonó, porque el 24 de Julio yo me venía a Luxemburgo para estar cuatro meses como becario (que luego se han alargado un poquito). Así que puse mi reclamación por escrito (como se hacía siempre en la escuela), y el dia 17 era la relcamación presencial, así que fui, dispuesto a comerle la polla a quien hiciera falta para que me aprobasen. Cuando estabamos allí esperando los que ibamos a reclamar, sacaron una lista que decía los que ya estaban aprobados tras la reclamación, sin tener que hacer más, y ahí estaba yo. Y respiré, triplemente aliviado. Uno, porque no iba a tener que suplicar (cosa que no había hecho en toda la carrera), dos, porque podía irme a Luxemburgo limpio de polvo y paja, y tres, porque fue exactamente en ese momento que acabé la carrera de caminos.