Archivos para octubre 2009

Sinónimos de… III

octubre 29, 2009

Hoy, la entrada de sinónimos que todos estabais deseando desde que salió la sección: El miembro viril.

– Falo
– Pene
– Rabo
– Nabo
– Picha
– Polla
– Tranca
– Pija
– Verga
– Chola
– Cola
– Porra
– Pito
– Mango
– Pilila
– Minga
– Cipote
– Carajo

Ya sé que tiene nombres mil, pero a mi me gusta oir los que le dais vosotros.

Fíjate cómo se parecen… III

octubre 28, 2009

Clavaditos:

La Virgen de Guadalupe

La Virgen de Guadalupe...

Un capibara con un trapo en la cabeza

... y un capibara con un trapo en la cabeza

Si es que los capibaras dan muchísimo juego.

El régimen del flaco

octubre 27, 2009

He decidido (unilateralmente, temporalmente y como gracieta), crear y empezar este sistema para reducir un poco el peso. Adicionalmente, también vale para probar cosas nuevas.

Uno de los “problemas” que tengo es que en mi banco dan de comer muy rico. Hay siempre bastante variedad, pero yo tengo cierta tendencia a lanzarme al cochinillo o a las hamburguesas cuando hay algo de este estilo, y preferir la crema tostada antes de la naranja. Así, me pierdo cosas que seguramente estén ricas, aparte de ponerme ciego en cuanto me descuido. Pero tengo una solución.

La solución la he decidido llamar “el régimen del flaco”, y consiste en elegir a una persona flaca, aleatoriamente, y comer lo mismo que él/ella. El sistema del restaurante es en plan autoservicio, con lo que puedo ir imitando al flaco objetivo punto por punto. Así me espera una comida totalmente sorpresa, y probablemente ligera, ya que es lo que come alguien flaco.

Hoy mismo me pongo con ello, a ver que cojones comen los flacos en vez de cochinillo.

Catorce mariquitas muertas en mi terraza

octubre 26, 2009

Este post no pretende más que señalar este hecho tan extravagante e inquietante.

Ayer salí a mi terraza, y vi una mariquita muerta. Ah, no, dos. No mira, ahí hay otra, y otras dos, y otra más. Total, catorce.

No se si tomarme esto como una señal del cielo o si pensar que las mariquitas han elegido mi terraza como cementerio, igual les ha parecido un buen lugar donde morir, o igual era un buen lugar donde posarse hasta que ocurrió algún tipo de cataclismo a escala local. No se si este hecho tiene algún interés científico, pero como mínimo merece un post en este blog.

Ah, y aparte de las catorce muertas, había una viva.

Lorem Ipsum

octubre 22, 2009

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Visto en: Una conversación con Gaficil.

De cuando era joyero

octubre 21, 2009

Hoy quería contaros un poco sobre cuando yo era joyero. Porque para ganarme unas perrillas en mi juventud, aparte de trabajar en un zoo, dar clases, cantar en bodas, bautizos, comuniones y hasta funerales, también me dediqué a la compraventa (y creación) de artículos de joyería.

El caso es que por unos avatares del destino que escapan a los límites de este post, una amiga de mi madre compraba (ilegalmente y sin pagar un duro de impuestos) perlas y piedras semipreciosas (turquesas, granates, etc.) a un mayorista. Luego, ella montaba collares, pendientes y lo que se le ocurriese, para ella misma y/o para amigas. Yo, en vista de que mis tias y diversas amigas de mi madre se lanzaban a por estas piedrecillas como lobas hambrientas, vi ahí una clara opción de negocio. Así que ni corto ni perezoso, le pedí a esta señora un buen montón de piedras, y me puse con mi señora a la creación de collares, pendientes y mierdas varias. Por el camino me tuve que agenciar unas cuantas herramientas y habilidades de joyero, que nunca sabe uno cuando le serán de utilidad. Por ejemplo, ahora soy capaz de arreglar pendientes, o montar los cierres en un collar.

El caso es que tenía una clara ventaja sobre las joyerías, por diversas razones. Principalmente, ahorro en infraestructura, ni local, ni caja fuerte, ni seguridad, ni nada. Luego, que siendo esto poco más que un juego de niños, ni se me pasó por la cabeza pagar ni medio euro en impuestos. Siguiente, que era dueño y señor de toda la cadena de producción, la mano de obra era yo mismo, jefe de compras, de ventas y diseñador. El caso es que con esto, lograba tirar el mercado por los suelos. Yo vendía collares de perlas, igualitos a los de las joyerías, por un precio casi diez veces menor. Y aún así, hacía dinero. Eso sí, yo compraba el collar de perlas, lo enfilaba con su nudito entre perla y perla (otra habilidad que tuve que aprender), le ponía un cierre que me pareciera adecuado, buscaba una compradora y se lo vendía. Para esto, en una joyería hay cuatro o cinco intermediarios que se tienen que llevar su parte. En nuestro caso éramos dos, mi señora y yo, todo a medias.

El sistema de ventas era un poco en plan reunión de tupperwares. Partiendo de un círculo de amigos (y sobre todo amigas) cercanos, la voz fue corriendo, y al cabo de poco tiempo ya estabamos vendiendo a la prima segunda del amigo de un amigo. Hacíamos hasta collares por encargo, al gusto del consumidor. Fuimos reinvirtiendo en el negocio una buena parte de los beneficios, hasta que tenía en casa un verdadero taller de joyería ilegal.

La verdad es que el negocio iba viento en popa, avanzando sin problemas, parecía un mercado con capacidad infinita para absorber mi producción. De hecho, ya empezaba a preocuparme que un dia llegara el tema a los oidos de algun inspector de algo y me cayese un puro del tamaño de un queso de bola. Pero ese dia no llegó. Porque, cuando todo iba así de bien, el negocio tuvo que cerrar, por traslado a Luxemburgo.

Eso sí, como con todo en esta vida, te quedan posos de todo lo que haces. No sólo de conocimiento y habilidad adquiridos (porque también aprendí un huevo sobre gemología), sino posos materiales. Todavía están esperándome en madrid cuatro o cinco cajas de buen tamaño llenas de piedras, perlas y material diverso. Seguro que en algún momento le encontraré un buen uso y volveré a despertar al joyero que llevo dentro.

Aplaudir

octubre 20, 2009

Aplaudir es lo que hacemos todos cuando algo nos gusta. Es un acto que la sociedad nos enseña. O eso creo.

Siempre me ha parecido un gesto tremendamente animal. Algo nos gusta, y demostramos nuestro gusto haciendo ruido. Todo muy cavernícola. Visto desde fuera, comparado con otras costumbres, no parece que aplaudir sea algo civilizado. Pero nada, aplauso, silbido, gritos de “bRRRRAVÓ!” y toda la parafernalia, independientemente de que lo que te haya gustado sea un show de MonsterTrucks o una delicada interpretación de una ópera.

Lo curioso es que, mientras en españa el único aplauso posible es el aplauso de ritmo aleatorio, en otras latitudes resulta que mágicamente, la gente, tras un corto periodo de aplauso aleatorio, acaban aplaudiendo rítmicamente, todos a una. En vez de “clapataclapatpatlcaltaplap”, “clap clap clap clap”. Me parece que es buscar el orden dentro del caos del aplauso animal.

No sé muy bien qué pretendía contar con este post, aparte de decir que me siento como un chimpancé cuando aplaudo. Doctor, estoy loco?