Una historia de gangsters

Hoy voy a contaros una historieta que me pasó hace un par de veranos cuando estuve en Chicago con mi señora y su family.

Era una tarde cualquiera, y estabamos en casa de la tia de mi señora, que vive en Oak Park, un barrio residencial de Chicago. Era una tarde de pasar en familia, estaban allí tios, tias, primos y primas de mi señora. Muy entretenido. El caso es que estaba yo de charleta con mi cuñaaaaaoooo y se me acercó uno de los tios de mi señora. Me pidió que le acercara a su casa un poco más tarde, que tenía una cosa que hacer, y que en transporte público tardaba un montón, que si ibamos con el coche era ir y volver. Yo, como no, dije que encantado y ningún problema. Cuando se lo dije a mi señora, me dijo que igual no era tan buena idea, pero bueno, que ya, que lo hiciera. Resulta que este tio es conocido por todos (menos por mi) como el típico liante. De joven era un pandillero (vamos, un gangster en su acepción original), y todavía le quedaba bastante de esa personalidad, aparte de tres agujeros de bala en el torso.

El caso es que a eso de las 10 de la noche, cogemos el petate y tiramos para su casa. La primera noticia es que el tipo vivia en la otra punta de Chicago, que sin tráfico es poco más de media hora. Bueno, tampoco tengo prisa, y así veo el downtown de Chicago de noche. La siguiente noticia es que a lo que ibamos era a ver a un tio que le debía dinero, y que le había dicho que esa noche le iba a dar un cheque por 100$. Raro que te cagas, pero bueno, yo como si nada. El caso es que segun estamos llegando a la zona, tras una llamada de teléfono, resulta que el tipo aún tardará media horita en llegar. Bueno. Pero como el tio de mi señora no quiere perder el tiempo, me dice que tiene que subir a casa de una señora a arreglarle el ordenador (se dedica a hacer chapucillas informáticas). No problem. Aparcamos, y digo: “Sube tú, yo te espero en el coche”. Me mira sorprendido y me dice: “Estás loco? No te puedes quedar solo en el coche en esta zona de noche, te matarían!!”. What the fuck. Ahí ya dejo de estar tan calmado, pero al menos voy con este señor, que se ve que conoce el terreno. Lo malo es que ahora estoy aún más blanco de lo que soy normalmente.

Subimos a casa de esta señora, yo espero sentado pacientemente mientras este señor se tira una buena media hora con el ordenador y charlando con la señora, una negra de unos cuarenta años que tiene todo el piso decorado en plan “motherland”, todo africano. Tras este ratito, bajamos, otra llamadita, el deudor está llegando. aparcamos y esperamos en una esquina. Por allí viene, son dos, un negro de unos cincuentaytantos, bajito, como 1’60 y desdentado, acompañado de otro negro de veintitantos y como 2 metros, disfrazado de rapero. Les saludamos, “Hey, que tal”. La respuesta, tajante: “Yo no hablo en la calle”, sin pararse ni frenar el paso. Como si estuvieramos en medio de la Isla Nublar en Parque Jurásico, parece que puede haber velocirraptores acechando, lo mejor es encontrar cobijo cuanto antes. Le seguimos hasta un edificio que está ahí al lado. Entramos, y es como los bloques de pisos viejos y corroidos que salen en las pelis y en CSI. Nos metemos en el ascensor, uno de esos con una verja que se cierra manualmente. Nos presentan, este señor resulta que es bajista en el grupito que tiene el tio de mi señora (que toca la batería). El negro grandote es “un amigo”, y punto. Llegamos al piso en cuestión, y abre la puerta una señora negra que grita mucho y le dice al señor bajista que donde ha estado. El tio la manda al carajo sin pestañear, que no de por culo que hay visita. Aprovecha para enseñarnos su bajo nuevo, un Warwick de cinco cuerdas chulo que te cagas, y nos da el tan ansiado cheque.

Y ya, cheque en mano, volvemos para casa. La jugada nos ha llevado dos horas largas, y cuando llegamos, todos se cachondean de mi porque me he dejado liar por el liante. Yo sonrio y doy gracias a dios y toda la corte celeste de estar vivo. Eso sí, he catado el Chicago de verdad. Y no es que sea como las películas, las películas ahora me parece que lo pintan todo muy rosa.

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4 comentarios en “Una historia de gangsters”

  1. ElGekoNegro Says:

    Como ya conocía la historia no puedo decir mucho. No conocía el detalle de que fuera un Warwick, yo siempre preferiré un Rickenbacker 4001/4003.

  2. Fénix Says:

    Dioh, que miedo, y yo me quejo y soy de las que llevan el bolso bien agarradito cuando voy por según que estaciones de metro…
    En esa situación, como diría Zoidberg, dos de mis tres corazones se habrían infartado.

    Que huevos los tuyos, macho…

  3. Nesta Says:

    Joder que miedo. Soy demasiado cobarde para vivir en EEUU, no podría…

  4. monttse Says:

    Menos mal que salió bien…que aventura para contar a los nietos :)


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